julio 04, 2009

Trailers: la publicidad del cine

A muchos os habrá pasado que habéis visto una peli por recomendación de un amigo o porque la descripción de ella en el periódico del día os pareció interesante. Si dejamos de lado aquellos que van al cine porque les llevan (ver un post anterior para más info), los que se informan un poco antes de ver cine pueden pasar por críticas de todo tipo, normalmente opiniones informales entre amigos, comentarios de críticos en el diario local, webs de crítica de cine y blogs diversos.

Creo que el único medio audiovisual y además controlado por las productoras para promocionar las pelis es el trailer, ese vídeo de escasos minutos que nos permite ver imágenes de la película. Actualmente no tenemos que ir al cine para ver trailers, basta con buscarlos en internet, por lo que su efecto se vuelve cada vez más poderoso.

Creo que realizar trailers es todo un arte, y también un negocio, que esta basado fundamentalmente en el marketing, ya que trata de crear expectativas sobre un producto que se quiere vender: hacer que una película de dos horas sea vista por la mayor cantidad de gente posible con sólo uno, dos, o tres minutos de tiempo es todo un reto y estimo que requiere de un equipo de personas que se preocupen de miles de detalles que el espectador ignora.

Al contrario de la industria publicitaria de televisión, en la que podemos ver piezas comerciales muy buenas y también auténticos mamarrachos promocionando marcas de coches, bebidas, seguros, etc; para empezar la industria del cine tiene menos cantidad de “productos” a promocionar en menos cantidad de tiempo, y el resultado se puede medir mucho mejor a corto plazo en la asistencia a las salas (por supuesto el trailer no es lo único, pero influye en un tanto por ciento importante).

A diferencia de las empresas con una marca que se puede mantener por un período de tiempo (lo cual permite rectificar o al menos tener más oportunidades de dar mensajes), una productora no se puede permitir un mamarracho de trailer, o eso pienso yo.
Y de allí que últimamente siento que casi todos los trailers que veo tienen una calidad muy buena: escenas interesantes, cortes precisos, música que emociona, frases contundentes e inspiradas... el problema es que pueden hacernos creer que la película va a tener realmente el mismo ritmo, y va a hacernos vibrar de la misma manera.

Pero trailers realmente emocionantes nos han conducido a ver películas que sólo consiguieron arrancarnos bostezos. ¿Alguno vió el trailer de Bridge to Terabithia? Puente a Terabithia para mi es un buen ejemplo de un “misleading” trailer. No es que la película sea un bodrio, es simplemente que el trailer puede atraer engañosamente a gente que quiere ver otra cosa. Lo peor que puede pasar es crear una expectativa y luego ofrecer algo distinto. Por otro lado, el trailer no es indicativo de que un guión sea bueno o que los actores sean poco creíbles, ni evita que el montaje sea desastroso, pero al menos debe adelantar la película, no otra película.

Alguien podrá decir que en cualquier caso se cumplió el objetivo, fuiste a ver la película ¿no? Pero la cuestión está en que el equipo de marketing decidió que el contenido tal cual no valía la pena, había que distorsionarlo y hacernos creer otra cosa distinta, porque sino, habrán decidido, no vende. ¿Tal vez entramos al pantanoso terreno de la ética publicitaria? Desde mi punto de vista ser fiel a la película en un trailer sí que tiene efectos en el medio y largo plazo: la gente simplemente no va a creer más que esas escenas sean representativas y es una cuestión de profesionalidad: no vender gato por liebre. Además, vender sin creer en el producto es engaño, y si hay gente de publicidad o marketing a quien le haya pasado (tener que “vender humo” como parte del trabajo), sabrá que la cosa no se sostiene y sólo puede traernos remordimientos con el tiempo.

junio 21, 2009

De héroes y villanos.


¿ Quién de nosostros, cómodamente sentados en una butaca en el cine o en el sofá frente al televisor, no sabría distinguir al “héroe” del “villano”, incluso cuando éste no se pasea disfrazado con unas mallas y una máscara? Hoy por hoy la cultura visual resulta demasiado invasiva en cuanto a pensamiento y cualquiera de las acepciones que queramos buscar al término “héroe” acaba pasando en mayor o menor medida por el filtro que suponen tanto la televisión como el cine; sobre todo para los más jóvenes, aquellos que son aficionados a la mitología de los superhéroes.

Pero de hecho si unos cuantos de nosotros tratáramos de buscar una definición del término “héroe” podríamos acabar descubriendo que nuestra opinión difiere de la de los demás. Las diferencias entre unos y otros tal vez se deban a las dispares concepciones que tenemos acerca de lo que para nosotros es “el Bien y el Mal”. Concepción que dependerá en realidad de una de las muchas éticas, laicas o religiosas, que justifican nuestros actos. Lo que no hay por lo general es COHERENCIA con una determinada ética. Para bien o para mal eso sucede casi de forma exclusiva en la ficción heroica de los superhéroes (héroes con poderes especiales), donde los villanos saben ser coherentes con su ética in extremis egoísta, y se saben malos. Los villanos no tratan de disfrazar su maldad, al menos de cara a los héroes, que también son coherentes con los principios éticos que mueven sus actos.

Los superhéroes hallan su justificación en un mundo cuyos valores son la culminación de un proceso histórico y cultural que han llevado a que mayoritariamente sean aceptados como buenos unos principios éticos concretos. El egoísmo innato, biológico, que nos impulsa a proteger los propios genes frente a los demás ha evolucionado, y de proteger al propio clan, la familia, los amigos, la propia tribu, a través de la empatía, y sobre todo la compasión a la que ésta nos conduce, ha llegado en su forma más sublime y evolucionada a comprender que la humanidad entera es nuestra tribu. Y en vez de recurrir a la competencia destructiva los verdaderos héroes eligen la cooperación. Los superhéroes de los cómics renuncian a hacer un abusivo uso de sus poderes en pos de la cooperación, y para salvaguardar la paz. Los actos de los villanos hallan su justificación en una ética basada en el egoísmo extremo, un egoísmo evolutivo en el que cada ser humano es un mero organismo que busca su propio bienestar a expensas del de los demás. Para los que estén interesados en profundizar en el tema, os recomiendo ver el vídeo de Philip Zimbardo, que trata sobre el concepto del “Mal”. El ejercicio del PODER para intencionalmente: dañar (psicológicamente o físicamente) y/o destruir (mortalmente) y cometer crímenes contra la humanidad.

En el caso de las mitologías o cualquiera de las fantasías heroicas y ficciones que hayamos inventado, la diferenciación entre los héroes y los villanos resulta obvia. Porque éstos son coherentes, y en el caso de los superhéroes como Superman, Spiderman, además cuentan con poderes extraordinarios. No podemos considerarlos modelos reales a imitar, aunque yo sí creo que su total honestidad con respecto a la ética de la que penden sus hazañas heroicas, sea verdaderamente un ejemplo a imitar para todos nosotros.

Antes os he mencionado al profesor Philip Zimbardo y su concepción del “Mal”, pues bien, Zimbardo también nos recuerda que a partir de la comprensión del Mal podemos entender a los héroes. “La misma situación que puede inflamar la hostil imaginación en aquellos que se transforman en perpetradores del mal puede también inspirar la heroica imaginación de otros de nosotros, o acabar en el caso de mucha gente con la pasiva culpabilidad por el mal de la inacción, (aquellos que siguen el consejo de mamá de no meterse en los asuntos de los otros y preocuparse uno de los propios asuntos, cuando en realidad la Humanidad debería ser “nuestros asuntos”)"

Según Zimabardo la banalización” del Heroísmo lleva a que gente ordinaria sea capaz de tomar decisiones morales extraordinarias en ciertas situaciones. La mayoría de quienes se erigen como héroes para la sociedad emergen sólo en situaciones particulares, inesperadas, en el quehacer diario. Deberíamos pensar en nosotros mismos como en héroes potenciales, “héroes a la espera”, y así ser capaces de actuar cuando la situación lo requiera, defendiendo nuestros ideales o principios morales. “Los héroes son gente ordinaria cuya acción social es extra-ordinaria, que actúa cuando otros son pasivos, que se desquitan del EGO-centrismo en pos del SOCIO-centrismo".

En la película de animación Kung Fu Panda. El protagonista, Po, es un panda hijo de un cocinero de fideos, que sueña con convertirse en el Guerrero del Dragón una vez adquiera el pergamino del Dragón, que contiene el secreto del poder ilimitado. En realidad el pergamino está en blanco, porque el poder ilimitado está dentro de nosotros mismos. No necesitamos tener superpoderes para ser verdaderos héroes. Como ya he dicho antes, creo sinceramente que si somos capaces de hacer de nuestra vida un camino coherente con nuestros principios entenderemos lo mucho que de heroico tiene el asunto a veces, inmersos como estamos en una sociedad empeñada en relativizarlo todo para mejor justificar el Mal, y poder de este modo huir de la insalvable y molesta realidad que nos recuerda a cada momento lo que somos, “Héroes” o “Villanos”.

Vía la web TED.com he hallado un blog bastante interesante que lamentablemente esta sólo en inglés por ahora: The Hero Workshop. En la web se debate el trasunto este de los héroes y nos ponen algunos héroes como ejemplo de heroicidad real o ficticia, incluyendo aquella de las películas: si se trata de un héroe vacío como Wolverine o uno real como el capitán Kirk en Star Trek.

Más allá de la ficción mitológica, y demás fantasías infantiles, y de acuerdo a una ética que coopera, compasiva, derivada o no de una moral religiosa, nuestros actos deberían ensalzar la unión de los individuos en pos de unos valores superiores, para que entre todos pudiera haber confianza, y por tanto transparencia donde pudiéramos hallar consuelo, amor para poder perdonar, y respeto. La heroicidad no es exclusiva de unos pocos. Nuestros actos deberían tender a imitar esas condiciones supremas, ejemplificadas de manera excepcional (y extraordinaria) en los grandes héroes tradicionales que la historia nos ha dejado, Luther King, la Madre Teresa de Calcuta, Mahatma Gandhi, etc, que actúan sacrificándose por un ideal superior.

mayo 16, 2009

Películas para niños y no tan niños



Hay personas que sólo buscan el mensaje de una película cuando esta se basa en una historia real. Las películas de dibujos animados o cualquier otra de tinte no realista están destinadas sólo a los niños. Estas últimas no pueden aspirar a dejar un mensaje más allá de criticarles las imágenes poco logradas, los personajes, las bromas o los efectos especiales...

Parece que a las producciones con mayor grado de fantasía se les perdona no tener contenido o mensaje que transmitir, basta con que entretengan, les guste a los niños, haya buenas peleas y explosiones y punto. Sin duda esto es lo que muchas de ellas hacen, pero también están las que nos dejan no sólo un mensaje de fábula tipo Disney sino un mensaje menos enlatado y a la vez también nos pueden hacer sentir emociones reales, si somos capaces de dejarnos transportar por ellas.

En las películas de Pixar, por ejemplo, encontramos mensajes importantes imbuidos en historias divertidas. Nemo, película excepcional en mi colección, creo que deja un mensaje más importante para los padres que para los hijos: hay que transmitir confianza, no ser posesivos, dejar crecer. ¿Habrá padres que la han visto y no se han enterado de que iba por ellos? Cars, película de cochecitos de carrera ¿no? A muchos se les habrá pasado el mensaje en contra de la competitividad como afán iluso y falto de escrúpulos, condena de la búsqueda del éxito por el éxito.

En la última de Batman por ejemplo, nos muestran el sacrificio del héroe: queda como un gusano sólo para que la ciudad mantenga la esperanza. La necesidad de héroes, entendidos como ejemplo a seguir, es a todas luces importante para evitar que se expanda el cinismo (representado por el Jocker). ¿Se comenta esto en los foros?? Noooo, se comenta más el actor, los escenarios, la muerte del actor X...

Y últimamente Ponyo en el Acantilado, última joya de Miyazaki nos deja una sensación de bienestar tremenda... No puedo dejar de cantar la cancioncilla final... y de sorprenderme de la habilidad para contar una historia tan simple con una trascendencia tan grande. ¿Mensaje? No hace falta, si el espectador tiene aún algo de niño sabrá del valor de la película. Eso, si no la han visto, apresúrense que tendrá pocas semanas más si no es esta la última en cartelera.

Supongo que a pesar de todo esto algunos prefieren ver Mar Adentro o Dogma, para comentar sobre temas “adultos” y “realistas” para dar opiniones. Cuando los mensajes en estos casos están tan bien servidos que cualquiera se daría cuenta del editorial del director.

abril 08, 2009

Cine en el Perú, reportaje Express


Siento haber dejado el blog tan desolado por tanto tiempo, pero a veces cuando no hay nada que decir es mejor no decir nada… Aprovecho mis mini vacaciones en Perú para escribir desde Lima este post. Y en línea con mi entorno, qué mejor que describir en pocas líneas la situación del cine en la capital de mi país. Con perdón de los entendidos, claro. Y es que en Lima he podido contar hasta 40 salas y me es imposible analizarlas todas o aventurarme a dar una opinión muy entendida de las infraestructuras. Al menos he identificado 3 cadenas de multicines que “gobiernan” el mercado: Cineplanet, UVK y Cinemark. Para una población de 10 millones de habitantes creo que es bastante aceptable.

Por supuesto la cartelera difiere radicalmente de la de España. Aquí dominan sobretodo las películas estadounidenses y nadie se rasga las vestiduras por este hecho. Eso sí, cuando hay alguna película de producción local los cines se llenan durante tres meses. Eso ha pasado con La Teta Asustada, película que la verdad me parece aburrida de muerte, pero que aquí logra estar a la par que Gran Torino en las clasificaciones de la crítica. Nada más injusto desde mi punto de vista, Eastwood se ha lucido y muy por encima de la película de la peruana Llosa, pero el nacionalismo es así, como el amor, a veces deja un poco ciego. Como anécdota curiosa deciros que esta  REC  de estreno, única película extranjera en estos días.

En cuanto a la comercialización de películas, en el Perú como en cualquier país con acceso a la red, se descargan películas por internet, por supuesto. El problema es que aquí no sólo son para uso personal o para ser vendidos “a escondidas” en la calle como en España, sino que existen sendos centros comerciales con catálogos de películas piratas listos, para consulta del cliente. Puedes hacer tu pedido y recoger al día siguiente una selección de todos los estrenos de la semana si quieres. Por el cómodo precio de 5 soles (no llega a euro y medio), tienes cualquier estreno en tus manos, con portada a color y todo. Por supuesto que esto no está autorizado ni es legal, pero existen prioridades mayores para la policía. Además con una oferta legal con precios similares a los europeos, no es de extrañar que sólo algunos privilegiados tengan acceso a versiones originales con derechos pagados. Pasa lo mismo con los libros. Con un sueldo medio de 200 euros al mes, a mi no se me ocurriría pagar 10 eur por un libro, por muy bueno que este sea. Las versiones de bolsillo son escasas y el precio es el mismo que en España, por tanto, caras. El mismo libro me sale más barato en el aeropuerto de Madrid que en una librería de Lima. Por tanto, cuando se dice que la gente no lee, hay que preguntarse si es por falta de ganas o de recursos.

Al menos el acceso al cine no esta tan restringido. Aquí los precios varían considerablemente según el barrio (distritos). El precio de una entrada de cine en un barrio de clase obrera puede valer el 50% de la entrada del cine ubicado un barrio de tipo comercial o turístico. El libre mercado ha logrado aplicar la discriminación de precios en este caso para beneficio de más espectadores, aun así ir al cine es una actividad de ocio cara, especialmente si va acompañada de popcorn y gaseosa (aquí las "palomitas" son las que vuelan y el "refresco" es una bebida sin gas, pero la palabra se usa poco). Además si se va en carro (el coche es para el bebé), el parking/estacionamiento se paga aún más caro si estas dentro de un centro comercial. En fin, que están todas las consideraciones de precio de siempre, pero con un recargo por seguridad y comodidad en cada caso.

Y aquí termino este mini reportaje, auspiciando un lleno total de las salas para este fin de semana Santo. Y es que los que no salen de Lima al menos pueden evadirse viendo una loca por las compras o llevando a los niños a ver  Monsters versus Aliens eso sí, con la opción subtitulada disponible. ¡Nos vemos en Mallorca!

marzo 20, 2009

La primera vez


Aún recuerdo con extraordinaria viveza la primera vez que entré en una sala de cine. Debía tener cinco o séis años. En aquel entonces había muchas reposiciones en los cines, muchos más por cierto que ahora, pues no existían los multicines, ya no hablo tan siquiera de los multicines integrados en los grandes centros comerciales. No existía el sonido THX, ni sonido envolvente ni nada del estilo, tampoco existía el DVD, y tampoco el VHS. Aunque en lo que a sonido se refiere la cosa no ha cambiado demasiado, ya que en muchas salas de cine en la actualidad el sonido es más bien mediocre.
Mis padres, sobre todo mi padre, han sido casi siempre aficionados a ver películas. Mi padre desde niño era ya un asiduo a las películas proyectadas en el pequeño cine del pueblo, y supongo que también soñaba con cabalgar por el salvaje oeste junto a “Yon Baine” (John Wayne), o tener la sofisticación y temeridad del agente 007 “Yeims Bond” (James Bond).
La primera vez, que entré en una sala de cine, que recuerde, yo y mis padres vimos Ben-Hur, de William Wyler, con Charlton Heston como protagonista absoluto. No era la primera vez que mis padres veían en la pantalla grande la trágica historia de Judá Ben-Hur, como he dicho antes, había muchas reposiciones en los cines en los años setenta y comienzos de los ochenta. La sala estaba a oscuras, la puntualidad no era precisamente una característica de mis padres, nos sentamos en un lateral, iluminado parcialmente por la para mí entonces gigantesca pantalla que colgaba frente a los espectadores. Fue realmente mágico, nos acomodamos y segundos después pasé de estar sentado en una butaca de cine a estar sumergido en una realidad totalmente distinta a la mía propia, durante las casi cuatro horas de proyección.
Es muy difícil con la edad poder volver a experimentar tal grado de evasión, nunca podemos ya abandonar del todo la penosa carga de la mochila de preocupaciones con que cargamos día a día. El poder de fascinación es hoy día difícil de describir para mí; una fascinación adictiva para quien experimentó eso siendo niño.
Soy aún capaz de visualizar el momento en el cual la voz en off del narrador, cuyo doblaje en español correspondió a Ramón Martori, y que tan grabada está en mis recuerdos, daba paso a la historia de Judá. Las imágenes se proyectaban a lo largo y ancho del escenario, aquello era algo muy grande, vasto e indescriptible, que consiguió que yo pudiera seguir con sumo interés los terribles avatares del judío que era injustamente condenado a galeras por alguien a quien él había considerado amigo suyo. Viendo la película experimenté, diría yo por vez primera, la rabia e impotencia del protagonista ante tantas y tan injustas calamidades, antojándoseme casi impensables en la vida real. Algo demasiado dramático para ser cierto. Despertaba en mí emociones púberes y abrumadoramente ingenuas. Gocé viendo la carrera de cuádrigas, aquello era en verdad impactante, tanto que acabé con dolor de cabeza al salir de la sala de cine. Disfruté con la venganza de Judá, y creí comprender el poder liberador de la paz cuando el protagonista milagrosamente dejaba por fin de odiar a su enemiga Roma. Los hay que todavía creen entenderlo me parece a mí, pero aquello era algo más grande de lo que ya me parecía entonces, difícil de comprender más allá de la ficción hollywoodiense.
El cine en aquellos días todavía era capaz de secuestrarme emocionalmente durante la proyección, absoluta e irremediablemente. Pocas veces he vuelto a experimentar algo semejante después de aquella primera vez. Sentí algo parecido cuando con ocho añitos ví En busca del Arca perdida de Steven Spielberg, que me marcaría definitivamente, para bien o para mal. Y más adelante ya, con La Comunidad del Anillo de Peter Jackson. Gracias a Dios todavía no he perdido del todo la capacidad de fascinación, cruzo los dedos.

marzo 15, 2009

Sobre el tamaño de la pantalla y las tarjetas de espectador frecuente


Leí una entrevista al dueño de la empresa que creó el IMAX. Por lo que parece, esta convencido de que el Home Cinema no será capaz de hacer irrelevante el cine, sobre todo a aquellas salas que con su tecnología parecen "engullir" al espectador. Entiendo que a la mayoría de la gente y sobre todo a los niños les encante sentirse dentro de la peli: tocar la nieve de Polar Express, volar con Superman... la verdad es que nunca he asistido a un estreno en sala IMAX, pero en Disney creo haber entrado a algunas atracciones con este tipo de proyección. Estar en el espacio, viajar en el tiempo con Mc Fly, son algunas sensaciones que pueden experimentarse.
¿Cuál es el tamaño ideal de la pantalla? Para mi depende de la peli, cuando se trata de ver películas como El Lector o Revolutionary Road no soy muy exigente. En cambio cuando se trata de ver Batman Begins o Watchmen, es mejor que sea lo más grande posible...
Ultimamente he ido a salas más tradicionales y me he llevado desilusiones ya no solo porque la pantalla parece ridícula en comparación con las de multicines sino que las sillas están en un estado deplorable. Una vez que se prueba la calidad, es difícil adaptarse a menos. No hay donde dejar la botellita de refresco o el sillín se levanta sin remedio.
Me sorprende que en Londres por ejemplo, mi compañero de blog,  haya encontrado salas en las que aún se ven cabezas al frente... al parecer el coste de reforma de edificios en el centro de Londres puede ser inviable para algunos gestores. Me parece increíble que haya salas que resistan el embate de multicines escalonados, la verdad. Claro, que como dije en mi primer post, hay espectadores a los que esto les importa un pimiento.

¿Será por eso que se hayan puesto de moda las tarjetas de fidelidad? Para seguir la tendencia de aerolíneas, supermercados, tiendas de ropa, discos, y no sé si con mucho éxito, pero en Mallorca tenemos dos tarjetitas que "premian" al espectador frecuente: la CINESA y laAFICINE. La CINESA se usa sólo en las salas del Festival Park, pero te da la ventaja de pagar 4.50€, y te envían por email noticias y promociones especiales si quieres. Acumulas puntos que puedes canjear por palomitas, refrescos, entradas y otros. Hay que decir que en el cine de esta cadena se agradece que te dejen pagar con tarjeta de crédito o débito (Festival Park). Gracias a ser una cadena nacional, por lo visto tiene partners interesantes, como Iberia, que ya te deja canjear tus puntos por entradas. 
La tarjeta AFICINE en cambio, agrupa a varios cines más en Mallorca, pero como competencia regional es más modesta, desde el formato (papelito cutre), y no te da ningún descuento frente a los que no tienen la tarjeta, sólo te deja canjear los puntos que acumulas, como la otra. 
En la primera me parece que hacen un esfuerzo considerable por recoger información del espectador asiduo. Una amiga me decía que casi no la saca porque el cuestionario web era larguísimo. En la tarjeta AFICINE en cambio, la anonimidad prima. No sé cómo pretenden saber si soy cliente más o menos asiduo si no tiene un lector identificativo... pero bueno, en el último Fancine de Mallorca (revistilla de las salas Aficine con resúmenes de estrenos) ofrecen hacerte titular VIP si usas la tarjeta más de 150 veces en un año... a buena hora avisan. Se echa en falta un teléfono de consultas o sugerencias, porque no tengo idea de cómo van a contabilizar esas 150 veces (que echando cuentas significa que alguien que va una vez por semana lo tiene chungo). ¿será que lo saben imposible?? Habrá que intentarlo.

marzo 05, 2009

El Bluff

Críticos de cine. ¿Quiénes son ¿ ¿Cómo son? Me puse a pensar un rato y como en una epifanía la imagen se me apareció clara y concisa, un tipo de físico descuidado, con enormes gafas con dioptría culo de botella y con algo de joroba hurgaba entre sus papeluchos, las chorrocientas mil revistas dedicadas al cine, Cahiers du cinéma, o Dirigido por, y cientos de películas en VHS se amontonaban sobre la estantería, que se tambaleaba sobre la mohosa pared que la sostiene a ella y al póster de la película Sérpico, sujeto en la pared con papel celo. Un pequeño flexo ilumina la abarrotada mesa donde el crítico apoya la Cánon Typestar 110. Un sucio calendario de la película Blade Runner, marca la fecha 1986, aunque ésta no fuera la fecha de su estreno. Pues sí, la alumbrante visión colmó mis asperezas para con la nueva ola de críticos de qualité que aterrizaron allá por los años noventa, y los críticos del nuevo milenio. Aquel tipo marginal que se esconde en la diminuta buhardilla escribe pensando en aquel suculento chuletón de Aranda de Duero, acompañado por un vino Ribera de Duero, y en lo pobre y seco que resulta el bistec de cerdo que yace sobre el plato, mientras que bebe vino Carrefour. Con esto quiero decir, que este intelectual cinematográfico sabe distinguir un buen film de un cagarro de película. Él probó el chuletón, degustó el buen cine, él amó al cine, y no se vendió, y por ello no dijo tonterías. Tampoco le pagaron mucho por hablar de ello. Pero en los noventa aterrizaron los cuatro amiguetes que se las dieron de modernos, que hablaron de cine en una década cinematográficamente lamentable, que se dejaron perilla, llevaron enormes gafas de pasta negra sin tener dioptrías y se codearon con las estrellas, en los Festivales de cine. Éstos ya no escribían en diminutos cuartuchos donde apenas había espacio para la Cánon Typestar 110, no, éstos ya tenían espaciosos apartamentos, donde se dejaban llevar por la novieta que les decía que Brad Pitt era muy guapo, para que constara en la crítica de turno. La créme de la créme bajo la sombra del Grupo PRISA, y que parecían y parecen aún comunicarse exclusivamente entre ellos y nadie más. Lo pedante rallano con el más puro bluff acecha a cualquiera que desee adentrarse en el ortopédico terreno de la crítica cinematográfica.
En 1997, y gracias a internet, surgió por vez primera la idea del Weblog, el blog. Un medio a través del cual se puede dar a conocer la información deseada a través del ciberespacio. La mayoría utiliza estos espacios personales a modo de diario personal, en los que se nos narran las mil y una anécdotas, aburridas o no, del día a día de la persona creadora del blog. Pero los blogs sirven también para transmitir un conocimiento concreto y poder hacerlo llegar a cientos e incluso miles de personas. Estos blogs pueden utilizar enlaces a otros blogs o portales webs en los propios posts (entradas de información con fecha de publicación y que se organiza de forma automática), de manera que la información se multiplica, y al final el imbricado de conexiones se hace inabarcable. La oportunidad de transmisión de conocimiento nos permite compartir lo que sabemos o creemos saber, de un modo más rápido e inmediato. Y lo más increíble es que al escribir en internet el contenido puede llegar a cualquier persona de cualquier parte del mundo. Los blogs parieron a estos nuevos cibertransmisores del conocimiento, y no al revés, y éstos crearon el gran bluff (un engaño, una bravata, pura apariencia). Hablando de “críticos cinematográficos”, ¿de dónde viene el conocimiento transmitido por estos críticos de cine en el nuevo milenio? ¿Qué valor tiene? Los nuevos escritores de críticas cinematográficas, en general son meros reseñadores de cine, gente que sobre todo habla acerca de las películas que han visto, que desea compartir su afición con los demás, y cuyos criterios a la hora de calificar la calidad de la obra pueden ser más o menos afortunados, pero nada más. Es inútil intentar convencer con razones vacías, por lo que he podido ver en general, a los demás. Este bluff cinematográfico nos sirve de guía, es opinión cuando no pretende nada más, que no llega a “verdadero pensamiento” muchas veces. En palabras de T.H. White: “Las opiniones son callejones sin salida”, y “las discusiones” originadas en los comentarios a los post en este caso “son una exhibición de fuerza mental, son un hacer esgrima con argumentos no para obtener la VERDAD, sino la victoria.” Es curioso que sin embargo los blogs le deban gran parte de su éxito a los comentarios que se derivan de los mismos posts, estableciendo una relación directa entre los lectores y el escritor. Lejos están los tiempos en los que sólo unos pocos podían hablar con pretendida autoridad acerca de algunos asuntos. Creo que muy pocos de los que nos consideramos “críticos de cine aficionados” hayamos probado realmente un buen chuletón de Aranda de Duero como para poder discernir lo bueno de lo malo, pero al menos, podremos compartir nuestra visión particular con esa increíble masa de cibernautas que se pasean diariamente por la red regalando conocimiento...o desconocimiento. Es la paradoja de este gran bluff a que nos lleva la devaluación de la información cuando ésta proviene de tantas y tan diferentes fuentes.